diumenge, 30 de març de 2014

Sol M


  Para J.



Paula Bonet



Estoy mirando de lejos. Observo. Espero. Está sentado en el tercer banco del parque, donde da más el sol, parece que también espera, pero no sé a penas nada de él. Podría inventarme que es alegre por el gesto de su cara, aunque ahora no sonría. Puedo inventarme también que es tímido por la posición de sus pies. Adivino que es dulce por el movimiento de sus manos y por la forma de morderse el labio, pero sigo sin saber como és, aunque conozca su nombre.

Tengo la tentación de acercarme, pero me da miedo. Puede que no sea él, y puede que siendo él, no consiga ni articular una palabra, asi que sigo esperando hasta que caiga una señal más clara.

Se puede querer a alguien a quien no has tocado?

Alguien grita, desde la otra parte de los robles. Él mueve su gesto hacia allí y busca, brusco, la voz que parece llamarle. No ve a nadie. Invierte el giro simétrico hacia el otro lado por si su oído le hubiese engañado, ahora sus ojos negros más profundos, con más intensidad, con esa progresión de las cosas que van cogiendo interés a corto plazo. Pero tampoco hay nadie en esta parte. Si mira un poco más hacia atrás, por encima de su hombro izquierdo, siento que me va a descubrir, y vuelvo a tener miedo. Suena un bombo en mi corazón que pone alerta el menos común de mis sentidos. Cierro los ojos para camuflarme en el paisaje. Sigo viéndole a pesar de los parpados cerrados, y me pregunto por qué sigo aquí y no me voy corriendo.

Entonces se levanta de un impulso, y mis pies arrancan de golpe, hacia él, automáticos y decididos. Es ésta la señal? Da igual, ya no hay ningún pensamiento capaz de parar este andar hacia.  Voy, siento el viento como cuchillos atravesar mi estómago y un montón de hormigas en mi piel. Estoy tan nerviosa que podria atravesar dos países sin parar a beber. Sigue ahí, plantado, sus manos se van hacia los bolsillos, baja la mirada al suelo y juega a pasar el peso de una pierna a otra. Sigo andando, tenaz, crece mi columna hacia mi cabeza y mi cabeza hacia las nubes. Aumento tres centimetros de coraje. Nunca hubiera podido meter tanto aire en los pulmones voluntariamente, se me han abierto las costillas como gomas. Paro de golpe, sin querer, a cinco metros de él, pero sigo andando por dentro, frenética y llena de la duda más bonita que pudiera tener. Ahora o nunca.  Lo sabe, estoy detrás, lo veo en su espalda. Pero no se mueve.

El sol. Todo se vuelve amarillo.

Siete pasos lentos en cinco cortos metros anuncian la escena... Y pasa. Ojos negros, ojos miel. La mirada recíproca, real, tangible.

Se puede desear tanto a quien te mira por primera vez?
Hola. Unísono.

Sonrisa. Tercera mayor.

Que tal. Cuarta justa.

Silencio. Séptima menor.

Se puede escribir la partitura de ese beso?










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